Este blog no exige que Marcos Rojo vuelva a jugar en la Selección. Tampoco tiene nada que ver con una saga de vampiros. Se trata de que el crepúsculo es un momento ambivalente: es el fin del día que se va y el comienzo del que se inicia. Vivimos en una época marcada por el fin del siglo más convulsionado de la historia, por la ofensiva neoliberal y la idea de que no hay alternativa, y sin embargo también podemos sentir que estamos permanentemente en el comienzo de algo. El color es la posición que tomo frente a este mundo en ruinas (¿o mundo virgen?) que tenemos por delante.
Marcos Rojo no percibe regalías por nada que esté publicado acá.
Creo que es necesario volver a preguntarnos de qué manera se condicionan la estructura y la superestructura. No te engañes: estás leyendo un blog marxista y ese vínculo tiene que estar. Sin embargo, el viejo concepto de ideología sobre la nueva matriz dada por la tecnología de la comunicación y de la información complejiza el análisis. Seguimos viviendo en la Modernidad: ningún cambio drástico fue operado en el modo de producción -más allá de los cambios cualitativos y cuantitativos dados por la expansión del Capital a todo el mundo, el patrón de acumulación es más concentrado pero esencialmente se rige por los mismos mecanismos. Sin embargo, es el esquema ideológico de la Modernidad lo que entró en crisis, y ya hace un buen tiempo. En una definición acotada que debemos revisar y que tiene sus falencias, podríamos decir que vivimos en una estructura moderna mediada por una superestructura postmoderna (la palabra maldita iba a tener que aparecer).
Creo que es necesario volver a preguntarnos de qué manera se condicionan la estructura y la superestructura. No te engañes: estás leyendo un blog marxista y ese vínculo tiene que estar. Sin embargo, el viejo concepto de ideología sobre la nueva matriz dada por la tecnología de la comunicación y de la información complejiza el análisis. Seguimos viviendo en la Modernidad: ningún cambio drástico fue operado en el modo de producción -más allá de los cambios cualitativos y cuantitativos dados por la expansión del Capital a todo el mundo, el patrón de acumulación es más concentrado pero esencialmente se rige por los mismos mecanismos. Sin embargo, es el esquema ideológico de la Modernidad lo que entró en crisis, y ya hace un buen tiempo. En una definición acotada que debemos revisar y que tiene sus falencias, podríamos decir que vivimos en una estructura moderna mediada por una superestructura postmoderna (la palabra maldita iba a tener que aparecer).
¿Y este qué hace acá?
Esto no quiere decir que los "grandes relatos" estén muertos y enterrados. Pero están adormecidos, y alguien los tiene que despertar. El ciclo de rebeliones populares que dio a luz a este nuevo siglo lo deja claro: la conciencia no avanza un paso por sí sola, incluso en el marco de luchas muy intensas. El rol de las organizaciones revolucionarias es importante pero, por ahora, viene siendo demasiado desigual y por momentos ni siquiera las propias organizaciones revolucionarias parecen asumirlo plenamente. ¿Dónde está la punta del ovillo de la cual debemos tirar los que no queremos imaginar un capitalismo que dure para siempre?
En general, voy a tratar de dedicarme a buscar algunas respuestas a estas (y otras) preguntas.

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